La Nosa Costra

Ahora que me he escapado, no se dónde ir…

Cuestión de prioridades

Desde que paseo con una niña de dos años me paro delante de cualquiera que haga algo parecido a música en la calle. Hace unos días lo hacía en el Rastro y me paré (me pararon) frente a unos músicos que reconocerá cualquiera que haya visitado esta zona

Me costo volver a pestañear cuando vi salir del pelotón de espectadores, para dejar caer una monedas en el cepillo de los músicos, a un chico que mendiga habitualmente a unos pasos del lugar (ya me había llamado la atención verle a hacer Sudokus a las puertas del mercado de la Cebada)

Durante un tiempo me ha hecho cuestionarme seriamente la utilidad de las monedas que un par de días antes había dejado en su plato… Pero, al cabo, ¿quien soy para censurar las prioridades mis paisanos?

P.S: Por cierto, es uno de tantos que tiene mucho que agradecer a la banca española. Pide en la puerta del Banco de Santander de la esquina del Teatro de La Latina y duerme en la del Caja Madrid de la calle del Duque de Alba… para que luego digan!

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Lunes

Bajaba camino de la estación de cercanías de Sol hace un par de lunes renegando del madrugón, con todas mis esperanzas puestas en el café con leche que me esperaba al llegar a la oficina. 

Reiterar indefinidamente una ruta apaga las formas repetidas una y otra vez, pero destaca increiblemente cualquier pequeño cambio. Más aún si la novedad brilla como una moneda sin usar.

El aspecto de cualquier otro lunes a la misma hora durante el último par de años vendría a ser el de la foto de la derecha.

No era un lugar especialmente cómodo, pero estaba resguardado, cerca del trabajo y,  para una persona sin piernas, resultaba incluso espacioso.

Unos metros más abajo encontré, deambulando por la Puerta del Sol,  al ya ex-inquilino del Burger King:

Estaba a bastante distancia, y no podría afirmarlo, pero juraría  que no estaba contento…

Claro, era lunes.

P.S.:  Si no se ha hartado de la hospitalidad madrileña, le podréis encontrar casi a diario en la Puerta del Sol.  Cuando haga sonar su taza con un poso de calderilla, recordad que el alquiler ha subido mucho últimamente.

Kike

Conozco a Enrique  desde hace unos 3 o 4 años, más o menos desde que se traslado a la Costanilla de San Andrés.
No creo que el pueda decir que me conozca a mi. Hemos cruzado unas palabras en varias ocasiones (Fue el primero en felicitarnos cuando volvimos al barrio del hospital en el que nació nuestra primera hija – “cualquier cosa que necesitéis nos podéis encontrar en la costanilla!” –  nos dijo). He pasado centenares de mañanas a su lado camino de la oficina:

Y casi todos los fines de semana nos cruzamos varias veces en uno de nuestros  sitios preferidos: las escaleras que separan la Cava Alta de la Baja

Pero el ES  la plaza, y yo uno que pasa…

Durante estos años todos le hemos tratado como  parte del panorama urbano del triángulo que cierran las plazas de la Paja, la Cebada y el Humilladero. Una curiosidad paisajística para disfrutar a cierta distancia (bueno…  no todos…  se salvan los esporádicos compañeros de colchoneta de la Costanilla o los punks que, cuando no hace demasiado frío se reunen en la Plaza de la Cebada… pero son los menos)

Hace un tiempo creo que se propuso superar la barrera que le separaba de la masa y se dedica a pasear ripios  escritos en cartón de embalar por las calles más concurridas de La Latina… Del rotundo fracaso inicial, paso a no resultar excepcional verle compartir vaso  con las más valientes pijipis que se reunen a  la puertas de La Tomasa.  Pero lo que no me esperaba es que llegase a tener una cámara de televisión pegada a sus talones:


(Si veis el reportaje, soy el tipo alto con cazadora de pana)

Espero que esto tenga que ver con su reciente mudanza  de la Costanilla de San Andrés y no los acalorados y periódicos “debates” con el Samur Social.

Pero lo que de verdad espero es que haya sido a un lugar mejor:

No deja de ser paradójico que tras 4 años de “relación”, mientras  me iba convirtiendo en su biógrafo, apenas me haya atrevido a pasar del saludo. Supongo que para eso es este blog. Para hacer como que cuento a alguien lo que no se cuenta.

Mucha suerte Kike

Estilo

Los estilos muy pronunciados me causan un rechazo instintivo. Siento que  hay algo falso en la necesidad de subrayar determinados rasgos del aspecto o la personalidad y que, a la larga, esclaviza.
Pero hay que reconocer que, bien porque hay gente con personalidades realmente extremas, bien porque hay virtuosos de la pose y la emulación,  la “marca” en que acaban por convertirse es capaz de producir verdaderas obras maestras.
Y las “marcas” tienen sus ventajas. Siempre sabes lo que puedes esperar de una buena marca:

¿Por qué hago fotos?

¿Por qué hace años que no salgo de casa sin la cámara? ¿Por qué la ligera ansiedad que me produce  la idea de quedarme sin batería lejos de casa?
Hace unos días recorría una de la calles que frecuento en Lavapiés y me ocurrió ese fenómeno por el que te llega una sensación de extrañeza intensa antes de saber el motivo que la provoca. El motivo era una nueva caries en la trama urbana que crece a los lados de la calle Embajadores:
Me sorprende que el derribo me doliese como algo personal. Vale que  hacía pocas semanas, me había atrevido a retratar a unos graffiteros que, con nocturnidad, la usaban como lienzo. O que cada vez que pasaba por allí estuviera tentado a asomarme a ver que ocurre dentro de una asociación de okupas feministas … Pero tiene que haber algo más. El consuelo que me ofrece el recordar que tengo unas cuantas fotos de esa casa,  ¿de dónde viene?
Y aquí es donde se me ocurre la mejor respuesta que me he dado hasta ahora a la pregunta del título.
Hago fotos por si ocurre esto, por si deja de existir lo que es, por si un día deja de vivir lo que está vivo, para tener la ilusión (en las dos primeras acepciones de la RAE) de que no ha ocurrido lo que ha ocurrido
Es un empeño triste en el sentido que lo puede ser el  guarda de un cementerio
Es un empeño ¿perverso? en el sentido que lo puede ser un taxidermista
Pero sobre todo es un empeño inútil. Ni mi disco duro ni yo somos eternos. ¿Quien cuidará entonces de lo que ya no es?… Quizá Google Maps:
¿Quién sabe? A lo mejor ahí está la magia de la fotografía, en que, mientras se puedan volver a ver, las cosas existen.
P.S.:  Mientras escribía esto sonaba esto y esto

¿Está interpretando Sazatornil al vicepresidente de egipto?

Nunca había oído a hablar de Omar Suleiman antes del pollo que se ha montado estos días en Egipto, pero viendo su foto en El País se pueden realizar al menos tres afirmaciones  (Omar  es el de la izquierda):

  • La transición democrática es inminente en Egipto ( Ese look de funcionario setentero del ayuntamiento de Madrid no da lugar a dudas)
  • Lleva las de perder (Con esa cara de supervillano el guionista  no le puede haber reservado nada bueno para la escena final)
  • Sazatornil es un lujo de secundario para esta producción (Aunque quizá se esté encasillando en políticos predemocráticos)

Espero que salga todo bien  : /

Lo peor de empezar a escribir un blog…

Lo peor de empezar  a escribir un blog, es el tiempo que te quitas de leer otros…